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Algo conozco a las mujeres

Vicente Herrera Márquez

 

Creo, sí, solo creo saber algo de mujeres.
En mi vida han habido muchas,
hermosas y buenas mujeres.
Hubo esposa,
con documentos y madre de mis hijos.
Compañeras,
con cartas de amor en paradores del destino.
Camaradas de asiento,
con bitácora de viaje aventurero,
Parejas de baile,
con teléfono anotado en servilletas de papel.
Amantes,
con poemas encendidos escritos en sábanas blancas.
Y amigas,
encontradas en las circunstancias del trayecto.

Y he aprendido que:
Todas fueron buenas e importantes.
La madre de mis hijos,
no solo me los dio, sino que sola los crió e hizo personas.
Las compañeras del camino me enseñaron a escribir la vida.
Las camaradas de asiento reafirmaron y aclararon mis ideas.
Las parejas de baile de la mano me ayudaron en la travesía de laberintos.
Las amantes, me regalaron calor, caricias, amor y antorchas encendidas.
Y las amigas me ayudaron y ayudan a levantarme de caídas.

Es verdad, todas las mujeres son buenas e importantes.
La madre del santo es buena, la del asesino también.
La que da a luz en clínica blanca es buena,
y la que pare su hijo en un pasillo de hospital también lo es.
Las madres son excelentes sin importar la situación,
son leonas defendiendo sus hijos y su condición.
Las esposas son aguerridas luchadoras por la vida
y aunque sin el hombre son garantes de familia.
La mujer proletaria es madre, esposa y trabajadora abnegada.
La mujer acaudalada también sabe parir, amar y criar a su retoño.
La mujer incuba, pare, cría, trabaja, quiere, ama, llora, ríe y es mujer.
Y sin importar la hora, el clima y las peripecias del camino
siempre es mujer y siempre, además, lucha y sabe ser mujer.


 

Incluido en libro: La saga de los vientos
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