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Con papas y especies

Vicente Herrera Márquez

 

Era hora de almorzar, sentía apetito, por no decir hambre, por lo tanto me dispuse a cocinar algo, ojalá sabroso, de acuerdo a mis condiciones de jubilado en Chile.

Tenía en el refrigerador una carne barata que había comprado en el supermercado hacía ya como un mes, un corte que se llama charcas, explico que es esto de las charcas para aquellos que no comen carne y para aquellos que solo comen asiento, costillar, lomo o filete.

Charchas es aquella carne que se obtiene del cogote del animal (vacuno en este caso). En la parte inferior de las quijadas y el comienzo del cogote, la parte suelta que cuelga y se mueve rítmicamente con el trote del animal es lo que se llama charchas. Esto es en Chile, me imagino que en otras latitudes del mundo tiene otro nombre.

Para mejor entender estas vienen siendo lo que en los humanos llamamos papada, la cual realmente no sé cómo es para hacerla a la olla, hasta aquí nunca la he comido, (creo que podrían comprarse en alguna clínica de cirugía estética, quizás hasta las regalen, a menos que se las lleven sus dueños).

Ya antes había cocinado esta carne y siempre me quedó dura (la carne), por lo tanto innové la forma de hacerla

Explico: después de deshielarla y sacarle algo de grasa (colesterol del malo y triglicéridos) en lugar de sofreírla con cebolla, ajo y otras especies como siempre lo había hecho, opte por cocerla en agua con sal, pimienta, laurel y romero. Mientras en otra cacerola puse a sofreír cebolla, ajo y zanahoria picados, también agregué pimienta y una pizca de comino, cuando note que la carne estaba blanda la fui colocando en la olla del sofrito trozo por trozo a esto le agregue unas papas peladas y trozadas, probé como estaba de sal, tuve que agregarle un poco, tape la olla y a cocinarlo.

Probé el caldo que había quedado en la otra olla, lo encontré de un sabor muy agradable a mi paladar, por lo tanto le agregué un puñado de arroz y a cocinar una sopa.

Media hora más tarde el almuerzo estaba listo, preparé una ensalada de pepino y tomate y a la mesa. Sinceramente la sopa estaba sabrosa y la carne blanda y jugosa. Todo esto acompañado de una copa de vino tinto.

Otro día espero poder contar como resulta un estofado de papadas humanas, marinada en especies. Si es que consigo que me las regalen o vendan baratas en alguna clínica de ricos,  y sobre todo que no sean de un “animal”  muy viejo.


 

Incluido en libro: Cuentos de vientonorte
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