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El color de las buganvilias

Vicente Herrera Márquez


La calle a esa hora, después de mediodía, está desierta.
Desde la ventana, con ojos de cielo, ella admira su jardín,
y saluda al viejo jardinero que acaba de llegar.
El jardín pavonea sus colores,
y el verdor del césped desafía al gris asfalto de la calle.
El sol arremete furioso con rayos de fuego y luz,
hiriendo la espalda encorvada del viejo jardinero
que con su máquina va segando el césped y tarareando una canción.
Luego con tijeras esculpe caprichos en las verdes ligustrinas.
Su azada remueve la tierra, sus manos recogen piedras intrusas,
luego quitan ramas secas y acomoda franjas de colores,
que dan forma al arco iris pintado con pequeñas florecillas
y brácteas blancas, rojas, azules, amarillas, rosadas y violetas,
de las abundantes y coloridas buganvilias que desafían al sol.
Con mayor esmero las rosadas y amarillas, que son las preferidas,
de la hermosa dueña de aquellos ojos que admiran su trabajo.
Con cuidado quita flores secas y poda los rosales,
arregla los macizos de pensamientos, vincas, petunias y cinerarias.
Descansa y consume un refresco que le traen unos ojos color jardín,
fuma tranquilo un cigarrillo y ordena sus propios pensamientos.
Al final del día riega, mira y admira su obra terminada.

El sol desciende tras el liquidámbar, jacarandas y abedules,
con un hasta pronto o vuelvo tal día, se va el jardinero.
Lleva en su bolsillo el equivalente al trabajo de una semana,
lleva en su espalda encorvada las saetas ardientes del sol,
lleva en su cara y sus brazos el color de la tierra y polen de alelíes,
y lleva en su cuerpo el cansancio acumulado en una vida.
Pero va contento en su bicicleta desafiando el asfalto,
que aún caliente, poco a poco, el anochecer le va quitando su ardor.
Pero no le importa el calor ni el cansancio del día y de la vida,
pues, lleva en su bolsillo el pan para mañana y monedas para cigarrillos,
en su memoria un arco iris de buganvilias blancas, rojas, rosadas, amarillas...
y en su mirar varonil una sonrisa y el guiño de un par de ojos color jardín.


 

 

Incluido en libro: Simplemente el viento
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