PÄGINAS AL VIENTO   -  Crónicas PANEL CENTRAL

El sargento y los asados

Vicente Herrera Márquez

 

La calle Perito Moreno se extendía por doce o trece cuadras, era la única que ocupaba casi toda la longitud diseñada en el plano del pueblo.
En las cuatro cuadras más centrales se distribuía el escaso comercio y era el lugar de más movimiento.
Paradojalmente y a lo contrario que sucede en otros pueblos, las oficinas públicas como correo, banco, juzgado, municipalidad, comisaría de policía e incluso la plaza se encontraban situados en calles aledañas y no en la calle principal.
A escasas cuadras (dos) hacia el sur por la calle...por la calle...no me acuerdo el nombre, se ubicaba la escuela, a una cuadra mas estaba el recinto deportivo del Club Deportivo Las Heras, cerrado en todo su contorno por un cerco de chapas de zinc con una altura de unos dos metros. Dentro de este recinto se encontraba una cancha de fútbol de medidas reglamentarias y rodeada de escasas graderías, en realidad solo una corrida de bancas de madera por el lado oeste. En otro sector pista para carreras, pistas de lanzamiento, dos canchas de bochas, cancha de básquetbol con arcos removibles, para poder ocupar el frontón que la rodeaba y jugar pelota vasca.
También dos cuadras hacia el sur de la calle principal, por la calle... por la calle, tampoco me acuerdo, se encontraban la comisaría y frente a ella una pequeña posta de salud rural.
Recuerdo que en la comisaría siempre sobresalía, más que el comisario, la figura de un hombre alto, fornido, mirada penetrante e inquisitiva, rostro adusto que infundía respeto, pero en el fondo un hombre bonachón: el sargento Soza, un correntino destinado y avecindado en estos parajes. Los niños le teníamos mucho respeto y hasta un poco temor.
En el extremo oriente de la calle Perito Moreno estaba el recinto de La Rural, esto era la asociación de ganaderos de la zona, allí todos los años se realizaba la exposición ganadera, la que atraía a todos los estancieros a mostrar sus productos, sus mejores animales y los sementales que producían aquella descendencia. Sobresalían en bretes especiales los mas importantes reproductores de Ovinos como Merino Australiano, Merino Argentino, Corriedale, Karakul y otros, de Bovinos como Longhorn, Hampshire, Charolés, y otras marcas, no, marcas no, razas ( Todos estos nombres pueda que no sean correctos, pero han pasado muchos años y yo no me dediqué a este rubro).
Había carreras de caballo, sortija, doma de potros, para los mas jóvenes y para todo público carreras de embolsados, de tres pies, otra con una cuchara y un huevo y otras entretenciones, ah y me olvidaba, el palo engrasado.
Pero lo más interesante era el último día de la exposición, el asado popular. Desde temprano en los patios del recinto se preparaba una fogata inmensa y esta se rodeaba de diez, veinte, treinta la verdad que no puedo recordar cuantos corderos o capones formando un ruedo de asadores que lentamente se iban asando. Nunca he comido un asado de cordero mejor que aquellos que eran esperados todos los años por todo el pueblo y además eran gratis...
Hace ya casi medio siglo que me alejé de allí, no se no se como será hoy, espero que todavía haya asados gratis y que alguien aun se acuerde del sargento Soza.


 

Incluido en libro: Crónicas al viento
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