PÁGINAS AL VIENTO  -  Cuentos            PANEL CENTRAL

Ensalada mediterránea

Vicente Herrera Márquez

 

Era el atardecer de un agradable día de primavera.  John Foster Carreño, soltero de unos cincuenta años, dueño y gerente de una gran firma importadora y exportadora, sentado en la terraza de su mansión en uno de los más exclusivos balnearios de la costa central,  leía una importante revista relacionada con el rubro de la cocina internacional, entre ellas la mediterránea, la cual, al parecer,  era muy interesante, puesto que estuvo como dos horas hojeando y leyendo, mientras duro el contenido de dos vasos de whisky. Tiempo necesario  para madurar una idea que se le ocurrió cuando comenzó a leer aquella revista.

Temprano, al otro día, llamó a su oficina central en la capital,  para que lo pusieran en contacto  con una empresa especializada en la organización de eventos. 

Al día siguiente de su solicitud, a las diez en punto, que había sido la hora acordada con su secretaria, llegaron a visitarlo J.J. Martínez y J.L. Reyes, socios y dueños de la compañía  “Eventos Especiales S. A.” Eran ellos hombres de mediana edad, muy bien vestidos y que le demostraron con catálogos y una presentación en Power Point de los servicios que su compañía ofrecía. Para lo que John solicitaba resultaron ser los mejores del medio y rápidamente se convenció de la calidad de lo esta compañía le ofrecía, por lo tanto pidió a su oficina central que ese mismo día se firmara un contrato con ellos.

John les explicó con lujo de detalle que lo que él quería realizar era un concurso de cocina, en la misma mansión en que se encontraban, que era su residencia de playa.   El concurso tenía que ser destinado exclusivamente  para mujeres, que deberían  presentarse en grupos de tres. Les pidió que no escatimaran en gastos, tanto en equipos, útiles,  materiales e ingredientes.  Además  tenían que preocuparse del alojamiento  de las participantes en un hotel cinco estrellas de los mejores  de la zona, como así también del transporte de las mismas entre el hotel y la mansión, y de todo lo que fuera necesario para el buen cumplimiento de lo contratado.

El tiempo total para el evento sería de diez días, cinco para preparar los espacios  destinados al evento, lo que comprendía  la logística propia para esto; se consideraba  una gran carpa,  cocinas de primer orden, además de bodegas  y todo lo necesario para estos efectos.  Los dos últimos días, de estos cinco, un equipo de  personas especializadas se encargaría de seleccionar las  concursantes y además darles todas las instrucciones e instalarlas  en sus lugares de alojamiento. El concurso propiamente tal se realizaría en tres días, dos días de selección y uno de final. Los últimos dos días, de los diez,  serian para desmontar y retirar todas las instalaciones. 

El primer día de concurso propiamente tal,  de entre 24  grupos deberían eliminarse 12, esto en jornadas de mañana y tarde.

El segundo día  de esos 12 equipos deberían quedar 3 que irían a la final, sería solo en jornada de mañana  

Y el tercer día de esos tres equipos,  a juicio del jurado compuesto por John, JJ y JL, saldría el gran ganador, el que tendría un permio muy especial y las ganadoras sólo lo conocerían después del concurso y cuando ya se hubieran ido todas las concursantes.

A todos los otros equipos participantes, sin importar el puesto que ocuparan, tendrían como premio una semana de vacaciones en el mismo hotel donde se alojaban  con el sistema  todo incluido.  Además  una cantidad de dinero por la molestia de presentarse y sus gastos de transporte.

Se publicitó  en periódicos, radios e incluso algunos canales de televisión.

Llegaron  alrededor de  quinientas mujeres de toda condición, edad, color de piel, jóvenes, maduras, incluso  algunas abuelitas de canas muy blancas. Todas muy bien vestidas y maquilladas. Sobresalían entre todo el conjunto tres que se destacaban por su vestimenta  de riguroso negro y además por su estatura, las tres de la misma altura y contextura. Tanto participantes, como personal, JJ, JL y el mismo John, no fueron indiferentes  a este grupo, la mayoría pensó que eran viudas. Las tres, además de serias y recatadas, cubrían su cabeza  con una cofia negra que no dejaba ver el color del pelo.

El equipo seleccionador  después de muchas preguntas, pruebas y entrevistas personales logró seleccionar veinticuatro grupos, es decir setenta y dos  mujeres, entre ellas seguían destacando las tres vestidas de negro.

El concurso, se explicó bien claro que era de cocina, es decir de comida, además sería de libre decisión lo que cocinara y presentara cada grupo.  Se aseguró que en las bodegas y despensas habría de todo, no faltaría nada para poder lograr el plato o manjar que quisieran preparar las concursantes para impresionar al jurado.

El primer día de concurso fue de mucho movimiento y ajetreo en la mansión, en la carpa y en los jardines; fue el día en que los veinticuatro equipos luchaban por un puesto.  Al final de una agitada  jornada clasificaron doce y en esos doce seguían sobresaliendo las chicas de larga falda negra, zapatos de tacones bajos negros y la negra cofia que escondía el color de pelo.

El segundo día en sólo una jornada y con doce equipos ya todo fue un poco más aliviado y como a las dos de la tarde se anunció cuáles eran los tres equipos para disputar la final.  Un equipo de tres  cocineras profesionales obtuvo el primer lugar, saltaban de alegría y regalaban sonrisas y abrazos por doquier.   

En cambio el grupo de dueñas de casa que ocupó el segundo puesto se mostraban, aunque contentas, más tranquilas  y reposadas. Y en la tercera ubicación quedaron… las chicas de negro, que lo tomaron como algo normal y se mostraban serias igual que todos los días.

Tercer día, la ansiada final, gran expectación. Incluso llegó una importante cantidad de periodistas de prensa, radio y televisión. Temprano ese día, se les comunicó a los equipos que cambiaran la ropa formal que habían estado usando y que vistieran de la forma que ellas estimaran conveniente y que mejor les acomodase.

Las dueñas de casa, simplemente cada una vistió como dueña de casa en su propia cocina, por lo tanto tres tenidas y colores diferentes

Las cocineras en cambio de blanco absoluto y similar confección desde la cabeza a los pies, como en sus cocinas de importantes restaurantes.

Y las chicas de negro seguían de riguroso negro, pero… pero… comencemos por los pies: zapatos negros brillantes con un taco aguja de 15 centímetros, medias negras transparentes con encaje negro adherido a media pierna, minifalda negra ajustada y cortísima, tanto que si se agachaban  demasiado también mostraban color negro, un peto negro muy ajustado a unas formas perfectas, y en la cabeza  algo distinto que las delató, un sombrero tipo bonete y por supuesto negro, era un sombrero propio de brujas, y eso es lo que eran,  brujas, brujas modernas. Ahora  al final mostraban su verdadera identidad  y también mostraban lo que escondían y la verdad era que escondían.   También despareció la cofia negra y ahora claramente se vio el color del pelo de cada una: Negro azabache , Rojo cobrizo y Rubio dorado, colores relucientes,  JJ y JL le apostaban a John que era pelo teñido. En las partes que ahora dejaban al descubierto  se veía piel blanca y muy tersa.

Todos estaban asombrados por lo que veían, realmente las chicas de negro o Las Brujas eran un espectáculo especial. El personal administrativo, el técnico,  el de apoyo, las otras concursantes que también estaban allí, los periodistas y sobre todo  JJ y JL, no tenían ojos más que para las chicas de negro.  Los camarógrafos y fotógrafos corrían desesperados para lograr la mejor toma.  John, quizás el más impresionado, lo  escondía tras oscuras gafas para el sol.

Los tres equipos trabajaron sin detenerse ni un segundo para lograr el mejor plato que deleitara a John , JJ y JL. Después de dos largas e intensas horas, que era lo estipulado en las bases del concurso los platos estaban dispuestos  para que los degustara el jurado. Todos impacientes veían como los tres  se regocijaban con los sabores y texturas de  las exquisiteces que tenían al frente, bocado tras bocado, prácticamente consumieron todo lo que les habían preparado.  

Después  de unos quince minutos de discusión llegaron a un acuerdo y se escuchó por los parlantes, que según lo que habían degustado  la conclusión  era que dos equipos tendrían que volver a competir: Las Cocineras y Las Brujas, desgraciadamente las Dueñas de Casa quedaron eliminadas.

Para dirimir el primer lugar solo se les pidió a los equipos  que tendrían que preparar en un tiempo de 15 minutos una ensalada, sólo una ensalada  en base a  verduras a elección y tres ingredientes similares  para sazonar: sal,  distintos tipos de vinagre y aceites de variado origen.

Las Cocineras eligieron verduras de distintos colores y texturas y las distribuyeron en los platos de forma tal que llamaran la atención a los ojos del jurado, además de agregarle los tres ingredientes obligatorios. Entre  las tres pusieron sobre las verduras de colores, sal, vinagre aromático y aceite de girasol.  Ocuparon en ello los 15 minutos. Las ensaladas se veían muy bien presentadas, deliciosas y tentadoras al paladar.

Las Brujas no se apuraron, incluso se dieron el lujo  de ocupar los primeros cinco minutos en  posar para las cámaras y luego con mucha calma  y sin preocuparse de colores dispusieron en los platos sólo hojas enteras de lechuga,  más bien chicas y de un verde intenso. Luego una a una, en orden, fueron agregando los tres ingredientes:  Azabache con los dedos espolvoreó muy poca  sal, Pelirroja se preocupó de rociar en justa medida vinagre de vino tinto y Rubia con generosidad esparció sobre la lechuga  aceite de oliva extra virgen, y nada más.  Ocuparon justo lo diez minutos que les quedaban.  Presentaron  para la degustación  una fresca ensalada hecha sólo con hojas verdes de lechuga.

Los tres jueces después de probar ambas ensaladas en forma alternada varias  veces, deliberaron cinco minutos y por unanimidad  eligieron para el primer lugar… la que menos se pensaba, la elegida fue la  ensalada de lechuga de Las Brujas.

Las Cocineras, que estaban muy seguras de ganar, cabizbajas se miraron entre ellas y no muy conformes aceptaron el fallo,  Las Brujas sólo esbozaron una amplia sonrisa y se mostraban muy seguras de sí mismas.

El jurado pidió a las chicas de negro explicaran su técnica para preparar tan simple, pero a la vez sabrosa ensalada.

Muy sencillo contestó Azabache, después de disponer la verdura,  una persona avara tiene que poner la sal y yo soy lo más tacaña que hay. Inmediatamente hablo Pelirroja y dijo que un buen vinagre de vino tinto tiene que agregarlo una persona prudente y la prudencia es mi más importante característica. Rubia completó la explicación diciendo: y por último una persona generosa, tal como lo soy yo, debe agregar aceite de oliva extra virgen y de primer prensado, y eso es que  llamamos una verdadera y auténtica ensalada mediterránea, que es nuestra especialidad. 

John se puso de pie y dijo: justamente eso lo que dicen varios chefs famosos del mundo en esta revista especializada, levantó y mostró la revista,  que es la que me llevó a organizar este concurso. Dicen estos importantes señores  que una buena ensalada tienen que prepararla tres personas: una avara para la sal, una prudente para el vinagre y una generosa para el aceite.  Ustedes así lo hicieron y las felicito, luego les brindó un aplauso que se trasformó en una ovación de todos los presentes.

Después que todos los asistentes se retiraron y en la mansión sólo quedaron  John, JJ, JL, las ganadoras y un Notario Público, John dio a conocer el primer premio que consistía en vivir ellas tres solas en esa mansión con todos los gastos pagados, con servidumbre, con automóviles para cada una, con servicio de peluquería, manicure, y tarjetas de crédito para que las usaran en tiendas famosas, joyerías y otros lujos,  todo esto por un año. Explicó que sólo había un punto  que ellas deberían cumplir,  claro que ese punto quedaba a criterio de ellas y si no lo aceptaban igual el premio en su totalidad era para las tres. JJ y JL se miraron en forma interrogante no recordaban de algún punto especial que ellos hubieran agregado a las bases, miraron seriamente a John y este les devolvió una sonrisa con un guiño.

El Notario de su porta documentos sacó seis sobres, tres juegos de llaves de la mansión,  tres de los automóviles y se los extendió a las tres chicas de negro diciendo: Aquí están las llaves, en el sobre grande está el contrato que deberemos firmar para cumplir con las leyes, los documentos de los automóviles que terminado el año seguirán siendo  propiedad de ustedes y las tarjetas de crédito con validez de un año por el monto total que dice el contrato. En el sobre más pequeño está explicado el punto que John les acaba de mencionar, si están de acuerdo firman y se lo entregan a él  y si no lo aceptan sencillamente lo rompen. Las tres brujas se miraron, primero abrieron el sobre grande vieron su contenido, leyeron el contrato ya firmado por John y luego abrieron y leyeron el sobre chico, se volvieron a mirar en forma interrogativa y haciendo un ademán afirmativo, algo escribieron, lo volvieron a cerrar y se lo entregaron a John, en tanto que al Notario le entregaron las copias del contrato que acababan de firmar guardándose  una para cada una de  ellas.

El Notario se despidió de todos y se fue. JJ y JL también se dispusieron a retirarse no sin antes preguntar a John que era ese punto que no estaba en las Bases.  John los miró sonriente y  les dijo que no se preocuparan porque todo estaba en regla, ellas claramente lo habían aceptado. Era relativo a algo que se la había ocurrido cuando las Brujas mostraron todos sus encantos. Efusivamente  les agradeció sus servicios y les indicó que en la oficina central estaba el cheque para “Eventos Especiales S. A.” que eran ellos JJ y JL, incluso con algo más de lo contratado.

En la inmensa mansión solo quedaron las tres hermosas brujas  y John. A un llamado de este aparecieron dos mozos portando bandejas con exquisiteces y tragos preparados para un coctel íntimo, John les pidió que se retiraran  y no  volvieran hasta el otro día. 

Luego les indicó a las chicas los aposentos que ocuparían cada una de ellas y que  se sintieran cómodas, puesto que ellas ya eran las dueñas de esa mansión de acuerdo al contrato., él se retiraría en la mañana temprano y volvería dentro de un año. Les dijo que si querían podían cambiarse, en los closets de cada aposento había ropa de todo tipo y temporada para cada una de ellas. Él las estaría esperando en un pequeño salón para degustar el coctel preparado.

Volvieron después de haberse dado una larga ducha, haberse cambiado de ropa y solo cubiertas por batas semitransparentes de color negro se acercaron dónde estaba el coctel, que era uno de los comedores de la casa con una gran mesa central de caoba, donde ya las esperaba  John luciendo una bata roja

Conversaron del concurso, de las concursantes, de los platos preparados,  de las rivales y de las ensaladas.

Poco a poco al calor del alcohol y del que irradiaban los cuerpos se acercaron buscando intimidad y John comenzó a perderse en un bosque de manos, brazos, piernas  y batas de seda, él dejó que le sacaran la bata y lo acariciaran, mientras cada vez que ellas veían vacío el vaso lo rellenaban con whisky, ellas tomaban champagne pero en forma muy medida, sus copas nunca se vaciaban y la botella mantenía su nivel. En un momento en que John ya era un juguete para las brujas, completamente desnudo estas lo acostaron en la mesa y con lazos de las cortinas lo ataron de pies y manos a las patas de la mesa. A estas alturas él ya se dejaba llevar a lo que ella quisieran. Turnándose, se subían a la mesa y sus manos recorrían el cuerpo entero del hombre llevándolo  a la máxima expresión de juguete de brujas.

Después de un buen rato de juegos y caricias una de ellas le  dice a John:

—Espera un momento, vamos a buscar vino para nosotras y volvemos  —En menos de diez minutos volvieron, traían copas y tres botellas de vino (Tenían gustos distintos) Además traían otras cosas envueltas en un mantel.  Sin que él las viera dejaron el envoltorio bajo de la mesa. Las tres se sirvieron vino y por ende más whisky a John que no cabía en su entusiasmo y tanto lo estaba que no se dio cuenta cuando le soltaron la mano derecha y jugando le hicieron dibujar letras, signos, números e incluso su firma en una buena cantidad de papeles,  volviendo luego a amarrarle la mano a la mesa, sin que John pusiera objeción alguna.

Las tres se quitaron las batas quedando  solo con dos pequeñas prendas del mismo color del pelo de cada una y comenzaron a girar alrededor de la mesa bailando y cantando  en un idioma que John no entendía.   

De improviso se desnudaron por completo, eso fue para John un momento de euforia total  y absoluta, eran verdaderos monumentos. Se acordó de JJ y de JL, las cabelleras  de las brujas no eran teñidas, ese era el color natural de su pelo, negro azabache, rojo y rubio. Ya en el límite del paroxismo  él trataba de zafarse de las ataduras y gritaba:

—Vengan, vengan brujas lindas…

—Agárrenme, hagan conmigo lo que quieran...

—Acarícienme, bésenme por todos lados y todo…

—Soy todo de ustedes, quiero que me coman…

—Sí, cómanme, cómanme entero si quieren, esta noche soy todo para ustedes…

Las tres brujas  a una mirada de interrogación se agacharon al mismo tiempo, desenvolvieron el mantel, rápidamente se pusieron de pie cada una con algo en sus manos.

Azabache, tacañamente, le espolvoreó un poco de sal. Pelirroja lo roció, prudentemente, con vinagre de vino tinto. Y por último Rubia, generosamente, le derramó a lo largo y ancho de  su cuerpo tres litros de aceite de oliva extra virgen.

Las brujas rápidamente otra vez se agacharon y de igual forma se volvieron a parar con otros utensilios que habían traído envueltos en el mantel, cuando fueron a la cocina. 

A esta altura John ya desfallecía pero aún gritaba pidiendo que se subieran las tres  a la mesa.

Ellas  obedecieron la orden de  John y poniéndose de acuerdo con una mirada entre ellas, saltaron a la mesa y  con los utensilios que en realidad eran grandes cuchillos cocineros y tenedores comenzaron a contonearse y girar como odaliscas en una danza ritual, alrededor de él, haciendo como que cortaban el aire en sus giros con los cuchillos…

...doscientos, trescientos, quinientos,  quizás tres mil o más trocitos del obnubilado John, poco a poco se fueron convirtiendo en una  ensalada  mediterránea muy bien preparada con poca sal, prudente vinagre y abundante aceite de oliva extra virgen de primer prensado...

... y poniéndose cada una, una  servilleta en el cuello comenzaron… lentamente… lentamente…  trozo a trozo… trago a trago… a degustar cada  parte del aderezado cuerpo de John.
Sí, se  lo comieron... se lo comieron...
¡Las brujas se lo comieron!



 

Incluido en libro: Cuentos de Vientonorte
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