PÁGINAS AL VIENTO  -  Poemas PANEL CENTRAL

Poetisas, poetas y vino

Vicente Herrera Márquez

 
El día estaba gris y desolado,
Algo tenía que festejar, algún olvidado aniversario quizás.
No recuerdo si era mi cumpleaños,
el día que me casé, el que me divorcié
o ese día de otoño que conocí a la rubia que me mató.
Me acompañaban mi gato compañero de años,
un diario ajado de algún domingo pasado;
en el aire tangos y milongas en acordes de Piazzola
y desesperada, buscando libertad, una mosca en la ventana.
Pensaba yo en cruentas batallas ganadas
y alguna, sin razón ni consecuencia, guerra perdida.
Quería escribir, creo que podía, pero letras no había.
Quería beber, sed tenía y vino, sí, había.
¿Pero escribir sin letras y beber solo? ¡Nooooo!

De repente ruidos, risas y la música del ding-dong,
a pesar del día gris venían llegando visitas inesperadas.

Venían llegando poetisas jóvenes con vestimentas de musas,
aladas cual golondrinas en ráfagas de viento,
otras montadas en corceles con ruedas
y muchas nómades y fatigadas caminantes.
Venían también, poetas jóvenes ansiosos de verso y besos
y otros viejos con canas e inquietudes nuevas,
pero todos con romances enredados en las barbas,
algunos con pluma en ristre y escudos de pergamino,
otros con lápiz de grafito y hojas arrugadas, de papel gris,
tres o cuatro con lentes oscuros y una tablet bajo el brazo
y más de algún avispado, con algo para acompañar el vino.

No quise preguntar que aniversario los traía,
aunque no hubiera nada que celebrar ¿Qué más podía yo pedir?
Llegaron poetisas y poetas a regalarme poesía,
con voz clara a recitar, cantar y conversar,
y acompañarme a descorchar las botellas que esperaban,
ya que por el andar del camino, llegaron todos con sed;
sed de buen vino, hambre de escribir y ganas de vivir.
Y escribimos, escribimos, recitamos y cantamos,
a lo bueno de la vida y a lo malo del camino,
a lo oscuro del destino y a la luz del nuevo día,
a lo amargo del desdén y al dulzor de los besos.

Matamos la sed, revivimos esperanzas truncas,
y reanudamos la amistad perdida u olvidada.
Y amamos, amamos las letras y los versos
amamos el color y el calor del vino,
brindamos por Alfonsina, por Neruda y por Cortázar,
por la tinta, el papel, la pluma, el teclado y el abecedario.
Brindamos por la vida, la prosa y la poesía,
los hombres por las mujeres, las mujeres por los hombres
y todos por el presente, el futuro incierto y el gran amor.
Luego acariciamos el lomo del gato compañero,
y abriendo la ventana, sin importar el frío,
a la mosca prisionera le regalamos libertad.

 

 

Incluido en libro: Simplemente el viento
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